Mario Ruiz: El eterno legado del jefe de patrulla del Cerro Catedral.
Un emotivo homenaje a Mario Ruiz, el legendario Jefe de la Patrulla de Esquí de Bariloche. Explora su vida, su pasión por los Andes y el legado de seguridad que dejó. Patrulla de Esquí de Bariloche.
CATEDRALES
Staff altapatagonia.ski
1/14/20262 min leer


Algunos hombres no solo habitan la montaña; se convierten en parte de su geografía. Mario Ruiz fue uno de ellos. Nunca fue un turista de paso ni un esquiador de fin de semana; fue el latido constante del Cerro Catedral durante treinta años: el centinela que conocía cada rincón de nieve polvo y cada placa de hielo traicionera tan íntimamente como el suelo de su propia casa.
Del taller a la cumbre
Su trayectoria en Catedral no empezó con podios ni cámaras. Empezó con el olor a grasa de motor y el ruido de las herramientas. Mario empezó en el departamento de mantenimiento, un joven del Barrio Alto de Bariloche que arreglaba las máquinas que otros usaban. Pero la montaña tiene una curiosa forma de llamar a sus elegidos. Aprendió a esquiar por necesidad y se quedó por devoción. Pronto, sus compañeros notaron que su compromiso no terminaba en la hora de fichar; su mirada siempre estaba fija en lo alto, hacia la cresta, donde la seguridad de miles depende del juicio de unos pocos.
El líder que abrió el camino
Durante una década, Mario lideró la Patrulla. Pero nunca lo hizo desde un escritorio. Para él, ser el Jefe significaba ser el primero en ponerse las ataduras a las 6:00 a. m., cuando el viento corta como un cuchillo y la nieve acumulada durante la noche espera, silenciosa y pesada, a ser puesta a prueba.
Mario era un maestro de la nivometeorología , esa ciencia incierta que intenta descifrar cuándo la montaña está a punto de rugir. Sus colegas, hombres y mujeres curtidos por el frío, lo recuerdan como el líder que construyó conocimiento colectivamente. Fue él quien, con calidez y respeto, recibió a las primeras mujeres policías de patrulla, rompiendo el hielo de los prejuicios con la misma determinación con la que abrió camino tras una ventisca.
La trampa blanca
El 27 de julio de 2020, "su propio patio trasero" le tendió una emboscada. Una avalancha —esa fuerza ancestral que ningún satélite puede domar por completo— lo sorprendió en el sector norte. Quienes estuvieron allí dicen que la montaña no avisa; simplemente sucede. Mario murió "en su ley", trabajando para que otros pudieran esquiar con seguridad, entregándolo todo en el lugar que más amaba.
Su ausencia en 2026 sigue resonando en los telesillas. Se siente en Aspen, donde dejó amigos y lecciones, y se siente en Bariloche, donde su legado vive en cada patrullero que hoy, antes del amanecer, se ajusta el equipo y mira hacia la cima.
Mario Ruiz nunca se fue del todo. Cada vez que una patrulla activa una ráfaga preventiva para asegurar una pendiente, o cada vez que un rescatista ofrece una palabra de consuelo a los heridos, Mario está ahí. Se ha convertido en parte del viento blanco: el guardián invisible que vela por Catedral desde el lugar donde la nieve nunca se derrite.

